La hora de la transición democrática

Con el cierre del escrutinio, el proceso electoral llegó a su término y arrojó un resultado claro: Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo serán Presidente y Vicepresidente de Colombia. Ese resultado, confirmado por las autoridades electorales y aceptado esta mañana por el candidato Iván Cepeda, expresa la voluntad ciudadana y merece el respeto de todos. Lo que sigue es una transición del poder que debe ser pacífica, transparente y respetuosa del marco democrático establecido en la Constitución de 1991.

Una confianza electoral atacada

A lo largo de esta contienda, la confianza en el proceso no se debilitó por fallas del sistema: fue atacada de manera deliberada, con narrativas de fraude y desconfianza encabezadas en buena medida desde la propia Presidencia de la República. Esto no desconoce que el sistema electoral admite críticas legítimas —incluido el manejo político de algunas de sus instancias—, pero una cosa es cuestionar para señalar mejoras, y otra muy distinta es desconocer, sin sustento, un resultado verificado por las autoridades electorales y las misiones nacionales e internacionales de observación. Es lo segundo lo que erosiona la democracia.

Nos preocupan, y rechazamos categóricamente, algunos de los anuncios que el presidente Gustavo Petro hizo anoche: plantear la posibilidad de desconocer o anular el resultado electoral a partir de cuestionamientos sin respaldo y, más grave aún, evocar la legitimidad de alzarse en armas, aun cuando termina afirmando que no recurrirá a la violencia. En un momento de máxima tensión, los liderazgos políticos tienen una responsabilidad especial en la defensa de la institucionalidad democrática y la resolución pacífica de las diferencias.

Una transición democrática

Esa transición sólo será posible si todas las partes obran con responsabilidad. Ese deber recae hoy, de manera particular, en el Presidente de la República, Gustavo Petro. A esta altura del proceso no existen fundamentos institucionales o jurídicos que justifiquen cuestionar el resultado electoral. Lo procedente es avanzar de manera pronta y completamente transparente hacia el empalme, y no seguir sembrando dudas sobre un proceso que ha demostrado ser confiable.

Ese empalme debe ser serio y riguroso, de modo que el gobierno saliente entregue sus logros y de las tareas pendientes, y el próximo gobierno pueda planear y asumir sus responsabilidades de la mejor manera. La estabilidad democrática y el orden público dependen de que todas las autoridades obren con responsabilidad y de que la entrega del poder, el 7 de agosto de 2026, se dé de manera pacífica e institucional.

Gobernar y oponerse con responsabilidad

El estrecho margen de esta elección refleja un país dividido, con visiones distintas sobre su presente y su futuro. Por eso, la guía de quienes asumirán responsabilidades públicas debe ser una sola: unir al país desde el lugar que a cada quien le corresponda y respetar la oposición política.

Al Presidente electo, Abelardo de la Espriella, lo instamos a honrar su palabra de gobernar para todas y todos, sin distinción, y a tender puentes con quienes no votaron por su candidatura. A Iván Cepeda y a las fuerzas que lo respaldaron, los invitamos a ejercer una oposición responsable, vigorosa y constructiva, a la altura de un país que necesita, al mismo tiempo, controles democráticos y gobernabilidad.

Un solo país

Desde la Alianza por la Democracia reafirmamos nuestra disposición a aportar a este propósito común. Somos un solo país y tenemos que seguir construyéndolo juntos. Los desafíos que enfrentamos demandan diálogo, corresponsabilidad y un compromiso compartido con el bienestar de todas y todos los colombianos.

La democracia no termina con las elecciones. Se fortalece cada día cuando respetamos las reglas, reconocemos la legitimidad de quienes piensan distinto y resolvemos nuestras diferencias por las vías institucionales.

Las elecciones terminaron, pero la democracia continúa.

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