Las organizaciones firmantes, articuladas en la Alianza por la Democracia, reconocemos que la jornada electoral se desarrolló, en términos generales, bajo condiciones de normalidad y con garantías para el ejercicio del derecho al voto.
Destacamos el trabajo de la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Consejo Nacional Electoral, la Fuerza Pública, los jurados de votación, los testigos electorales, las campañas, los órganos de control, las autoridades territoriales, las misiones de observación electoral, los medios de comunicación y la ciudadanía, cuyo compromiso hizo posible el adecuado desarrollo del proceso. Valoramos igualmente la rapidez del preconteo y el avance del escrutinio, que permitieron informar oportunamente al país. La articulación entre estos actores permitió atender las situaciones propias de una jornada de esta magnitud, desde lo logístico, lo tecnológico, lo pedagógico y lo comunicacional.
Las misiones de observación nacionales e internacionales han reconocido la transparencia y credibilidad del proceso electoral y de sus resultados. La Unión Europea lo calificó como “transparente y creíble”, mientras la Misión de Observación Electoral (MOE) ha respaldado técnicamente la integridad de la jornada, descartando irregularidades en la conformación de los datos de votación, censo y distribución de mesas.
En todo caso, Colombia llega a la segunda vuelta en un contexto de alta polarización. En este escenario aumentan los riesgos de violencia, desinformación e injerencia extranjera, lo que hace urgente un llamado a la calma, la prudencia y al respeto por las reglas del juego democrático establecidas en nuestro marco normativo.
Desescalar el tono y rechazar la violencia
Hacemos un llamado a las dos candidaturas que avanzan a la segunda vuelta, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, a moderar el lenguaje y evitar mensajes que estigmaticen al adversario o legitimen cualquier forma de violencia. Colombia necesita visiones de país que, desde cualquier orilla, partan del respeto a la diferencia y de la unión necesaria para enfrentar los retos que tenemos como nación. Les invitamos a abrir el debate público sobre el argumento de sus propuestas.
Este llamado se extiende a todos los liderazgos políticos e institucionales —incluido el presidente de la República y altos funcionarios del poder ejecutivo— y a la ciudadanía. En momentos de alta tensión, las palabras importan: pueden encender o contener. Bajar el tono no significa renunciar a las convicciones, sino proteger la vida, la convivencia y las condiciones de una contienda verdaderamente democrática.
Respetar las garantías del proceso electoral
A la fecha, las dudas planteadas sobre el proceso —incluidas las expresadas por el presidente Gustavo Petro— han recibido respuestas por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil y de los análisis técnicos de la MOE y de las misiones internacionales de observación, que validan la transparencia, legitimidad y confianza en el proceso electoral tanto en el preconteo como en el escrutino. Cualquier inquietud que persista debe sustentarse en evidencia y tramitarse por los canales institucionales previstos. De lo contrario, el respeto al proceso electoral y a sus resultados, debe mantenerse.
Proteger la voluntad ciudadana expresada en las urnas exige prudencia, responsabilidad y confianza en las garantías que aseguran que cada voto cuente. Hacemos también un llamado a no difundir información no verificada ni amplificar contenidos engañosos.
Colombia necesita una contienda democrática basada en las ideas, respetuosa de las reglas del juego democrático, libre de violencias e injerencias extranjeras —como las expresadas por el presidente de Estados Unidos—, y priorizando la defensa de la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

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